Era 1951 cuando un joven australiano llamado, James Harrison, fue sometido a una cirugía mayor, fue en ese momento cuando los médicos descubrieron que James poseía una sangre inusualmente fuerte y persistente de un anticuerpo llamado inmunoglobulina, se descubrió que su plasma se regeneraría a una gran velocidad, produciendo más y más de esta sustancia.
Este anticuerpo es justo el que necesitan los que padecen la enfermedad de Rhesus, que afecta a las madres con un tipo de sangre Rh negativo y que están gestando a niños con Rh positivo, eso hace que el bebé nazca con casi toda probabilidad anémico, pero los síntomas pueden ir más allá, desde daños neuronales hasta la muerte del feto.

Los médicos al saber esto le hicieron una oferta al joven James, asegurar su cuerpo por un millón de dólares para someterse a un ensayo clínico. Harrison aceptó y comenzó a donar su plasma para producir inyecciones con el Anti-D que se le pondrían a las posibles madres afectadas.
James realizó 1,172 donaciones de plasma a lo largo de toda su vida activa como donante, donó cada tres semanas durante 63 años de su vida adulta, un proceso que terminó a sus 82 años, cuando sobrepasó el límite legal por el cual se considera que su sangre está cualificada.

Según el Servicio de Donación de Sangre de la Cruz Roja Australiana, el paciente del brazo de oro, ha ayudado a salvar la vida de más de 2.4 millones de bebés, una de cada diez mujeres embarazadas en Australia. Es por toda esta labor que el 7 de junio de 1999, fue galardonado con la Medalla de la Orden de Australia.
James Harrison asegura que se siente muy feliz de haber ayudado a salvar vidas de bebés por casi seis décadas, cuenta que entregó plasma siempre que el servicio de donación se lo pidió. Con esto contribuyó a los tratamientos de millones de mujeres en Australia, incluida su propia hija.

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