En el océano Índico, dentro de un archipiélago de las islas Andamán y Nicobar, se encuentra la Isla Sentinel del Norte, un territorio rodeado de misticismo y considerado uno de los lugares poco accesibles y peligrosos del planeta. Esto debido a que allí habita una comunidad que decidió mantenerse al margen del mundo moderno.
Los sentineleses viven de la caza, la pesca y la recolección en la selva. Han sido descritos como primitivos, pero han demostrado su gran capacidad de adaptabilidad, pues han aprovechado los restos de metal que llegan de la costa para fabricar algunas herramientas y puntas de flecha.

El rechazo de este pueblo indígena a todo contacto externo es una casualidad, esto se debe a que han elegido preservar su cultura y sobre todo, su salud. Ellos no tienen defensas contra enfermedades como la gripe, por ejemplo, por ello, dejar entrar extraños a su comunidad, podría ser simplemente fatal para ellos.
En 2006, dos pescadores llegaron a la isla por accidente, ambos fueron asesinados estando en la playa. En 2018, el misionero estadounidense John Allen intentó entrar a la isla para predicarles y al igual que los dos pescadores, terminó sin vida a manos de la tribu. Hay evidencias de que hubo expediciones coloniales en el siglo XIX, ellos trajeron algunas enfermedades a la isla, lo que ocasionó la muerte de algunos sentineleses.

Por dichas razones, la India prohíbe completamente cualquier visita a la isla y patrulla sus aguas para tratar de protegerlos. Algunas organizaciones como Survival International apoyan estas medidas y recuerdan que los sentineleses “no necesitan ser contactados ni civilizados”.
La Isla Sentinel del Norte no es un destino turístico, es un destino prohibido que nos recuerda a los demás que todavía existen comunidades que resisten a la globalización y cuya supervivencia depende de que nosotros nos distanciemos de ellos.
Fuentes: