Cuando nos “tronamos los dedos”, nos estiramos al despertar o escuchamos un “pop” en nuestras rodillas, dejamos que pase, pues se ha vuelto algo casi cotidiano en nuestro día a día. Durante mucho tiempo se había creído que este sonido era provocado por los huesos chocando o “acomodándose”, pero la ciencia ha demostrado que no se trata de eso.
El origen de estos sonidos está en las articulaciones, pues estas estructuras están rodeadas por una cápsula que contiene líquido sinovial, una sustancia que lubrica el movimiento y permite que todo funcione de manera suave. Dentro de este líquido, hay gases disueltos como oxígeno, nitrógeno y dióxido de carbono. Cuando estiramos o forzamos una articulación, como al tronarnos los dedos, ocurre un cambio brusco de presión que hace que esos gases formen una especie de cavidad o burbuja.

A este fenómeno se conoce como cavitación. Durante años se pensó que el sonido se producía cuando una burbuja explotaba, pero investigaciones recientes apuntan a otro proceso llamado tribonucleación. En este caso, el “crack” ocurre cuando las superficies de la articulación se separan rápidamente y se forma esa cavidad gaseosa, no necesariamente cuando desaparece.
Por eso, después de “tronarte” los dedos no puedes repetirlo de inmediato, ya que el gas necesita tiempo para volver a disolverse en el líquido sinovial antes de que el proceso pueda ocurrir otra vez.

En la mayoría de los casos, estos sonidos no son señal de un problema. Los crujidos articulares son comunes y no hay evidencia que nos indique que tronarse los dedos cause enfermedades como la artritis, a pesar de lo extendido de ese mito. Sin embargo, sí es importante poner atención cuando el sonido viene acompañado de dolor, inflamación o sensación de bloqueo, ya que podría estar relacionado con alguna afección en la articulación.
Así, ese “crack” que escuchas de vez en cuando no es nada alarmante. Más que huesos desacomodados, es simplemente el resultado de un fenómeno físico normal dentro de tu cuerpo.
Fuentes: