Venus fue durante un largo tiempo uno de los planetas más difíciles de estudiar, esto debido a su densa atmósfera. Esta situación cambió con la sonda de la NASA Magallanes, nombrada así en honor al explorador portugués Fernando Magallanes, que utilizó un Radar de Apertura Sintética para conseguir atravesar las nubes y poder estudiar la superficie de dicho planeta.

La nave despegó el 4 de mayo de 1989 a bordo del transbordador Atlantis y llegó a Venus un año más tarde, desde septiembre de ese año comenzó a obtener imágenes de volcanes, canales de lava y otras estructuras geológicas. En sus distintos ciclos de mapeo, ha logrado cubrir hasta 98% de la superficie venusina y recopiló al menos 1,200 gigabits de datos, esto llevó a revelar que al menos el 85% de la superficie se encuentra cubierta por flujos volcánicos.
Después de algunas nuevas operaciones, Magallanes perdió contacto con la Tierra el 13 de octubre de 1995 y terminó desintegrándose en la atmósfera de Venus. Sin embargo, sus datos continúan siendo estudiados, incluso, análisis de las observaciones de radar obtenidas entre 1990 y 1992 identificó una posible cavidad subterránea asociada con un tubo de lava en el monte Nyx, un volcán impresionante que tiene alrededor de 362 kilómetros de ancho.

La estructura, ubicada en un flanco occidental del monte, tendría cerca de un kilómetro de diámetro, un techo de por lo menos 150 metros de espesor y una cavidad de por lo menos 375 metros de altura. Aunque los científicos sólo pudieron observar una parte debido a las limitaciones de los datos, consideran que podría extenderse varios kilómetros. Los tubos de lava también existen en nuestro planeta y se han identificado en la luna, por lo que el hallazgo aporta nuevos indicios sobre la actividad volcánica y el subsuelo de Venus.
Más de tres décadas después de que la sonda Magallanes fue lanzada, continúa aportando información. Sus datos demuestran que una misión espacial puede seguir generando información y descubrimientos mucho después de haber terminado y al mismo tiempo siguen ofreciendo nuevas pistas para poder comprender la evolución geológico de Venus.
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