Cuando hablamos de momias es inevitable pensar en Egipto, pero te sorprenderá saber que las momias más antiguas se encuentran en otro lugar del planeta. Hace más de 7 mil años, la cultura Chinchorro creó momias por primera vez, una civilización que es oriunda del extremo norte de Chile.
Los Chinchorro fueron un pueblo ancestral que habitó la costa del desierto de Atacama y también se extendían hacia el sur de lo que hoy conocemos como Perú. De acuerdo con algunos informes, existieron hace más de 7 mil años y subsistieron gracias a la pesca, la recolección y la caza.

A ellos los distingue algo muy increíble: su relación con la muerte, pues para ellos no significaba olvido, por ello es que decidían mantenerlos cerca de una manera poco convencional, es así como nació la tradición de momificar.
El proceso para las momificaciones fue cambiando con el tiempo, pero, en términos generales, extraían órganos, vísceras y huesos, luego rellenaban los cuerpos con palos, plumas y vegetación típica del lugar.

Después, se encargaban de reconstruir el cuerpo, colocando la piel de nuevo y lo pintaban de color negro con algunos pigmentos, aunque como lo mencionamos, estas no eran las únicas que existían.
Más adelante, aparecieron las momias rojas, a estas ya no les quitaban los huesos, pero si las vísceras y el relleno ahora era de arcilla o tierra y decoraban con pigmentos rojos. Con el tiempo, sus técnicas se volvieron aún más simples, pues sólo recibían una máscara facial o una capa de arena y material orgánico.
Seguro tampoco sabías que en 2021, la UNESCO declaró a los asentamientos de dicha cultura y a su técnica de momificación como Patrimonio Mundial. Esta cultura rompe la idea común de que las primeras momias fueron halladas en Egipto e incluso nos muestran esta relación íntima entre la vida y la muerte.
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