Las investigaciones científicas más ridículas

No porque sea ciencia es necesariamente útil, algunas de estas investigaciones en verdad no sirvieron para nada, no beneficiaron a nadie y sus descubrimientos fueron bastante irrelevantes, todo esto gracias a una premiación llamada IG Nobel, donde se pretende ser una ofensa al estilo de los Razzies.

Estos son premios a grandes investigaciones que primero deberían hacerte reír, pero luego hacerte pensar. Como resultado, los ganadores obtuvieron un trofeo de papel que tenían que ensamblar ellos mismos a partir de una impresión en PDF y un premio en efectivo en forma de un billete de Zimbabue falso de 10 trillones de dólares. Así que, sin más preámbulo, aquí estan los destacados de la noche.

El rinoceronte de cabeza

Robin Radcliffe y su equipo de expertos de la Universidad de Cornell colgaron a 12 rinocerontes boca abajo, durante 10 minutos, para averiguar si la salud de estos animales puede verse comprometida cuando cuelgan de sus patas debajo de un helicóptero. ¿Qué pretendían? Sólo probar si esta es la mejor manera de transportar a los rinocerontes.

Un maullido vale más que mil palabras

Susanne Schötz analizó variaciones de los ronroneos, murmullos, maullidos, gruñidos, gemidos, parloteos, trinos, chillidos, gorjeos, silbidos, aullidos y otros modos de comunicación entre gatos y humanos. ¿Por qué? Por el simple gusto.

El peso de las decisiones

Pavlo Blavatskyy descubrió que la obesidad de los políticos en un país puede ser un buen indicador de la corrupción que existe en esa nación.

Las bacterias en los chicles

Leila Satari y sus compañeros realizaron el análisis genético para identificar las diferentes especies de bacterias que se alojan en los chicles desechados y que terminan pegados en las aceras de varios países.

El mejor remedio del resfriado

Olcay Cem Bulut y su equipo de investigadores demostraron que los orgasmos pueden ser tan efectivos como los medicamentos descongestionantes para mejorar la respiración nasal.

El aire del cine

Jörg Wicker analizó químicamente el aire que circula dentro de las salas de cine, para probar si los olores producidos por una audiencia indican de manera confiable los niveles de violencia, sexo, comportamiento antisocial, uso de drogas y malas palabras en la película que están viendo.

@10DedosdeFrente

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